Viva Leer

Los 140 años de la Biblioteca Severín

banner severin
Publicado el: 1 agosto, 2013 por: vivaleer en: Rutas Literarias.

Es la segunda biblioteca patrimonial más importante del país, después de la Biblioteca Nacional. Cada año supera los 22 mil préstamos y sus usuarios, más que un antiguo monumento, la consideran un potente centro cívico y cultural de la región de Valparaíso. Aquí la historia de una biblioteca que a pesar de los embates de la naturaleza, sigue vigente en el corazón del puerto.

Por Germán Gautier.

rumas de librosEl paisaje tras el terremoto del 27/F era desolador. Unos pocos funcionarios y expertos en habitabilidad lograron ingresar al edificio para constatar lo obvio: la biblioteca debía cerrar sus puertas al público. Con la mayoría de los libros en el suelo y cornisas cayendo cada tanto, poca era la utilidad que prestaba este edificio a los ciudadanos.

Muchos usuarios quedaron con libros en su poder y debieron guardarlos. Otros cuantos lamentaron a través de la prensa local o las redes sociales no poder continuar con su rutina lectora o investigativa. Durante los ocho meses que la biblioteca estuvo cerrada para los porteños, fue como si alguien importante de la ciudad faltara.

Aun con la techumbre en plena remodelación, parte de la fachada dañada y con el salón del tercer piso cerrado, la Biblioteca Severín reabrió parcialmente sus puertas el 2 de noviembre del 2010. Si bien los usuarios pudieron acceder a la hemeroteca y a las salas generales y de referencia, su ingreso fue a través de un túnel, entre medio de los andamios mientras las faenas de restauración estaban en marcha.

Casa nueva, vida nueva

En la memoria de los porteños convive la posibilidad latente que un desastre natural puede siempre modificar el rostro de la ciudad. Incendios, aluviones, terremotos o inundaciones han moldeado una y otra vez a Valparaíso.

Desde su creación por Decreto Supremo –curiosamente- el 27 de febrero de 1873, durante el gobierno de Federico Errázuriz y siendo Ministro de Instrucción Pública Abdón Cifuentes, la biblioteca había soportado los terremotos de 1906 y 1985.

En el primero, que dejó a Valparaíso convertido en ruinas, la biblioteca se encontraba en su primera morada, justo donde hoy está el Palacio de Tribunales; en el segundo, ya en el actual edificio de Plaza Simón Bolívar 1653, su estructura resultó tan dañada que debió cerrar por cuatro años y, durante ese tiempo, los porteños batallaron para evitar su demolición.

salón patrimonialDe estos tres azotes la Biblioteca Santiago Severín ha salido siempre bien parada. Con la inauguración oficial del 22 de diciembre de 2011, este Monumento Nacional abrió sus puertas vestido de su blanco original, con un juego de luces de neón bañando sus paredes neoclásicas y con el nuevo Salón del Patrimonio en el tercer piso.

Este salón opera donde antiguamente estaba el anfiteatro, que se construyó luego del terremoto de 1985, y es un privilegio para los investigadores de la historia y la memoria de Valparaíso. Teniendo la venia de algún centro de estudios, se puede consultar tesoros como las Vistas de Chile (1865-1872) de Emilio Garreaud, primeras ediciones de Azul de Rubén Darío o el Compendio de la historia civil del reyno de Chile (1788-1795) escrito por el Abate Molina.

De acuerdo al actual director de la Biblioteca Severín, Carlos Carroza -filósofo de 30 años- “se gana un impecable espacio de estudio acorde con la cantidad de investigadores y tesistas que alberga la región”. En este caso, la sabiduría popular tiene mucha razón: no hay mal que por bien no venga. Claro que para lograrlo, la Dibam aportó con 120 millones de pesos y el Programa de Reconstrucción Patrimonial del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes con 93 millones.

Desembarco cultural

En plena consolidación del Estado Liberal florecía en 1873 la Biblioteca Pública Nº 1, empleando un rincón de los antiguos Tribunales de Justicia, ubicado a los pies del Cerro Alegre. La colección inicial constaba de mil volúmenes, los que habían sido trasladados desde el Liceo de Hombres, el actual Eduardo de la Barra. Valparaíso, por entonces, era la perla del Pacífico. Un punto estratégico para las rutas navieras que procedían del Atlántico, y una ciudad que se convertía raudamente en el centro comercial y financiero del país.

En 1911 la biblioteca se mudó a los faldeos del Cerro Bellavista y operó con dificultades y escasa comodidad en calle Edwards esquina Independencia. En casi cuarenta años la biblioteca había aumentado considerablemente su circulación: la colección superaba los 40 mil ejemplares y atendía a más de 9 mil lectores por año. Por esta razón, el entonces director Miguel Calvo miraba con buenos ojos construir un inmueble apropiado en el terreno que había dejado al municipio la Segunda Comisaría de Policía.

santiago severínSurge entonces la figura de Santiago Severín Espina, hijo de un marino danés, comerciante salitrero y recién electo diputado por el Partido Nacional para el distrito de Valparaíso y Casablanca. Un porteño de clase media ascendente, que a través de sus vetas empresariales logra amasar una gran fortuna, y que vive su riqueza con una estricta moralidad, siempre atento a la beneficencia de jóvenes y desposeídos.

El palacio de las letras

La historia aquí se entrecruza con la leyenda y ambas se potencian. En su libro Valparaíso, el Mito y sus Leyendas, el investigador Víctor Rojas Farías indica que la construcción del edificio se debió a que Santiago Severín perdió jugando entre millonarios una apuesta de preguntas y respuestas. Una mujer burló con astucia al comerciante, quien no tuvo más remedio que desembolsar un millón de peso de la época para iniciar las labores.

La firma Barison y Schiavon se adjudicó el concurso público. Este dueto de arquitectos italianos atracó en el puerto chileno ansiosos por aplicar sus conocimientos adquiridos en la ciudad fronteriza de Trieste. Esta famosa sociedad dejaría también su impronta en la icónica casona de Cerro Artillería y en el Palacio Baburizza, en pleno Paseo Yugoslavo.

Hacia 1912 comienzan las faenas en conjunto con el ingeniero chileno de origen alemán Augusto Geiger, quien asumió la tarea de resistencia de materiales. De acuerdo a lo que cuenta el historiador porteño, Archibaldo Peralta Padilla, los profesionales estaban bien documentados que el terreno donde iban a construir había sido no mucho tiempo atrás parte del basto Océano Pacífico. Así, bajo sus cimientos, cerca donde se guardan los archivos del diario El Mercurio de Valparaíso (1838-1975) o la Revista Sucesos (1902-1927), descansan los restos del bergantín Loncomilla – en mapudungún cabeza de oro- el cual varó en el sector del Almendral una noche de tempestad de 1854. Sí, los libros no son los únicos tesoros que guarda esta biblioteca.

biblioteca severin (PORTADA)

La construcción abarca toda una manzana. Es un “edificio-isla”, como tantos otros de la traza urbana típica de Valparaíso. Sus fachadas más largas, de 73 metros, dan a calle Yungay y Brasil, y sus lados más angostos miden 12 metros en calle Edwards y 8 en Molina. Visto en perspectiva, y por lo amplio de las avenidas que la circundan, la Biblioteca Santiago Severín parece un barco anclado en medio del plan.

La obra fue terminada en 1920, y el filántropo Santiago Severín Espina no pudo ver acabada su máxima dádiva a la ciudad, puesto que falleció inesperadamente de una complicación cardíaca el 17 de marzo del mismo año, cuando tenía 51 años.

Las muestras de respeto en la prensa porteña fueron elocuentes. Así lo retrató el diario La Unión: “El pueblo, descubierto respetuosamente al paso de la carroza fúnebre, pagaba en parte la deuda de gratitud que tiene contraída con el hombre que hizo de la vieja Biblioteca Pública, arrumbada en caserones sin comodidad y pagados muy caro que fuera, un establecimiento moderno, orgullo de la ciudad y de sus residentes, un verdadero palacio donde todos pueden ir a saciar sus ansias de saber.”

Patrimonio colectivo

lectoresA través de sus años la Biblioteca Severín se ha ido enriqueciendo por obra de sus directivos y de la comunidad. En 1921, por ejemplo, la colonia italiana realizó un homenaje a Dante Aligheri donando una valiosísima colección; en los `80 la directora Yolanda Soto mantuvo la biblioteca como uno de los escasos centros culturales de la época; y a comienzos del nuevo siglo comenzó el proceso de conservación y digitalización de la colección patrimonial.

Carlos Carroza tiene claros los objetivos: “Hay que salir y tomarse Valparaíso”. Por eso, se están implementando actividades de fomento de la lectura en los cerros y un vínculo con la Armada permitirá instalar los anhelados puntos de préstamos en playas y alta mar. “Queremos destacar el espíritu de biblioteca pública y por eso aspiramos a ser un centro activo en la región”, confirma su director.

Además, todos los jueves se presentan actividades de extensión de notable variedad y calidad. En julio, sin ir más lejos, se realizaron tertulias sobre el pensamiento de los inmigrantes; la identidad de la lira popular en el periodismo chileno; sesiones de cuentacuentos en las vacaciones escolares; además, de las constantes exposiciones, conferencias y capacitaciones.

Tras 140 años de historia, es legítimo preguntarse en qué sentido la biblioteca es un auténtico patrimonio cultural. La respuesta, más allá de su arquitectura y piezas bibliográficas, pareciera oírse en los pasos de cada persona que atraviesa sus columnas para hacer uso de ella. Un grupo de jóvenes del Liceo Eduardo de la Barra, hojeando entre las estanterías de la Sala de Circulación, concluyen: “Para nosotros es un espacio de discusión, donde hay un poco más de tranquilidad para hablar profundamente de los temas que nos interesan”. Santiago Severín, mirando desde la pintura que corona la sala, parece esbozar una ligera sonrisa.

Revisa el lanzamiento del primer cuadernillo de Carlos Pezoa Véliz, una actividad de extensión en la Biblioteca Severín.

CARLOS PEZOA VÉLIZ: Uso de espacios públicos a principios del siglo XX from Daniel Tapia Torres on Vimeo.

Deja un comentario