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Gonzalo Rojas, un poeta situado

Publicado el: 10 octubre, 2013 por: vivaleer en: Rutas Literarias.

Gonzalo Rojas fue un poeta muy arraigado a sus tierras, Lebu y Chillán. Por eso, en agosto de este año se inauguró la primera etapa del Centro Cultural Gonzalo Rojas, ubicado en su casa de Chillán, donde el poeta pasó los últimos 30 años de su vida. Este es un recorrido por tres lugares claves de la VIII región, que marcan hitos en la poética rojiana.

Por Isabel Casar.

Al leer  a Gonzalo Rojas, siempre me llamó la atención lo presente que estaban las remembranzas a  la costa, pero a la vez  la presencia de lo campesino. Al llegar a sus casas y releerlas en sus poemas,  una fusión sinérgica  hizo que me  reencantara con los versos de Rojas. 

Nacido en Lebu en 1917, en pleno auge minero, este poeta  mezcla en sus  versos lo testimonial con lo poético. Es fácil, por esto, lograr la identificación o el reconocimiento de lugares.  Aunque Lebu es un pueblo costero, lo que más me llamó la atención fue su río, de gran envergadura,  que aparece con frecuencia en la obra de Rojas. Aunque  los 90 años que separan a Rojas de Lebu han borrado huellas, como la desaparición de la casa en la que vivió tras un incendio hace más de 20 años, se puede visitar la dirección original en la calle Saavedra #842, donde hay una placa que recuerda al Poeta y su nombramiento como ciudadano bicentenario.

Una vez en Lebu, es imprescindible releer a Rojas desde el ritmo del socavón de la cueva del toro:

“Nací en el mar, en una costa bien brava, la de Lebu, con la cueva del toro, que es un útero de mujer: pasa el mundo y estalla y resuena. El personaje central y único de mi ejercicio poético es el ritmo de ese socavón, que te permite respirar y asfixiarte al mismo tiempo. Aire y asfixia andan en el ejercicio mío” (Gonzalo Rojas, 1988).

Gonzalo Rojas sobre Lebu

Gonzalo Rojas sobre Lebu

Otro lugar impresindible en la ruta rojiana, es su casa en Chillán. Ubicada en la calle El Roble #1051, si bien conserva la arquitectura clásica chillaneja post terremoto del 39, sorprende por el torreón vidriado, por los permanentes ecos azules y por un algo extraño, poético tal vez, que sólo puedo describir como tan igual pero tan distinta a las casas del barrio.  Lo interesante de este lugar, que ya ainauguró su primera etapa como futuro centro cultural, es que fue la residencia definitiva que Gonzalo escogió, y como tal la habitó con detalles poéticos: con interminables escaleras-una de ellas sin destino-, las piezas tienen dos puertas, con una cama china de más de 500 años, con recurrentes objetos azules; donde escribió poesía antes que el establishment  literario lo reconociera, como los versos a Sebastián Acevedo, o Pareja Acostada en esa Cama China Largamenteremota .

Para terminar nuestro recorrido, hay que continuar subiendo por la cordillera hasta la localidad de los Lleuques, en Pinto. Ahí, Gonzalo Rojas e Hilda May establecieron su casa de descanso, en el sector del Torreón del Renegado. La leyenda cuenta que un fraile en el siglo XVII intentó huir junto a su amada hacia argentina, pero Dios en castigo lo convirtió en piedra. De llanto del fraile nació el río. Los lugareños le pusieron El Renegado al río. Nombre que Rojas siempre celebró.

Río Renegado

La naturaleza de la cordillera chillaneja, se refleja en los versos que el poeta dedicó a este lugar:

“A esto vine, al Torreón
del Renegado, al cuchillo
ronco de agua que no escribe
en lo libérrimo agua
ni pétalos pero cumbre
escribe y descumbre, nieve aullante, límpidas
allá abajo las piedras.

A esto y nada, que se abre
por obra del vértigo
mortal, a ésta la casa loca del
ser y más ser, a este abismo
donde Hilda pidió al Muerto:
-“Piedad, Muerto, por nosotros que
íbamos errantes, danos éste y no otro
ahí para morar, ésta por
música majestad, y no otra,
para oír al Padre.

Véolo desde ahora hasta más nunca así al Torreón
-Chillán de Chile arriba- del Renegado con
estrellas, medido en tiempo que arde
y arderá, leña
fresca, relincho
de caballos, y a Hilda
honda que soñó este sueño, hiló
hilandera en el torrente, ató
eso uno que nos une a todos en el agua
de los nacidos y por desnacer, curó
las heridas de lo tumultuoso.
-Paz
es lo que les pido a los alerces que me oyen: paz
por ella en el ahí fantasma.

De lo alto del Nevado de Chillán baja turbulento
El Renegado, que lo amarra a la leyenda”.

(Fragmento Torreón del Renegado, Rojas, 1981. De Del relámpago, FCE)

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