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Cuando Roberto Bolaño le atajó un penal a Vavá

Publicado el: 19 junio, 2014 por: vivaleer en: Reportajes.

Tras grandes esfuerzos de Chile por desarrollar exitosamente el Mundial de 1962, el país recibía a la selección brasileña, que aterrizaba con la misión de defender su corona. La Revista Estadio desmenuzaba la contingencia deportiva, mientras el Scratch entrenaba en la Región de Valparaíso, y en un lugar de Quilpué un niño llamado Roberto Bolaño cumplía una hazaña que rozaba la ficción.

Por Germán Gautier.

Productos Adam´s –especialistas en cremas para afeitar y jabones finos- auspicia el programa de partidos del Campeonato Mundial de Fútbol de Chile 1962. Bajo la propaganda resaltan los cuatros grupos y sus respectivas sedes (Arica, Santiago, Viña del Mar, Rancagua) y Chile habita el grupo 2 junto a Suiza, Italia y Alemania. Lo anterior aparece en la edición N° 992 de Revista Estadio, la mítica publicación deportiva y gráfica, que a pocos días de iniciarse el Mundial pone en portada a Raúl Sánchez, un férreo defensor de la selección nacional.

Casi todas las Estadio se pueden encontrar accediendo al portal de Memoria Chilena y, aunque pareciese un ejercicio anacrónico, resulta útil cuando alguien quiere saber en qué estaba el fútbol y el país 50 años atrás.

Revista Estadio del 31 de mayo de 1962

Revista Estadio del 31 de mayo de 1962

En una especie de editorial se señala: “Chile entero se recogió en su geografía para transformarse en una pelota de fútbol, y en su íntima circunferencia nos sentimos aprisionados, de capitán a paje, sin distingos, en la expresiva latencia de siete millones para decir al resto de los humanos: “Estos somos. Esto podemos hacer””.

Un par de años antes Chile había sido sacudido por el terremoto más potente del que se tenga registro, y la ecuación perdura en el tiempo: deportes masivos y desastres naturales terminan por enlazar a la población. Chile, limitando al norte con la algarabía y al sur con la fatalidad. No parece tan extraño, entonces, que un día estemos llamados a ser campeones del mundo y al día siguiente los más infames del planeta. Cosas de la vida; cosas del fútbol, dice la historia.

Un penal literario

Tras una primera lectura, salta a la vista la calidad de la prosa en cada una de las notas de Revista Estadio. Si bien hay algunas voces cargadas al romanticismo, es evidente que el periodismo de los años sesenta seguía siendo un oficio más que una profesión.

Antonino Vera, director de la revista en el periodo y quien firma con el seudónimo de Aver, escribe sobre la selección de Brasil y su deber de reeditar el título de campeón. El Scratch jugó la fase de grupos en Sausalito y entrenó tanto en Las Salinas de Viña del Mar, como en la cancha de la Compañía Chiletabacos, ubicada en el barrio O´Higgins de Valparaíso.

Garrincha, Didí, Pelé, Vavá y Zagallo.

Garrincha, Didí, Pelé, Vavá y Zagallo.

La misma delantera campeona en Suecia 58 asoma en una postal de antología con palmeras de fondo, que forma a Garrincha, Didí, Pelé, Vavá y Zagallo. Los brasileños se ven relajados, sueltos de cuerpo, sin ninguna presión. Su filosofía es “respetamos a todos, pero no le tememos a nadie”. Brasil, a diferencia de sus rivales, practica con las puertas abiertas, sin secretismos y haciéndose fuertes con la devoción popular. Ellos son la expresión máxima de fútbol.

Por lo mismo, resulta un hecho casi normal que a unos cuantos kilómetros hacia el interior de la Región de Valparaíso, en Quilpué, específicamente en el sector de El Retiro, donde concentra la selección brasileña, se deje ver a un niño de nueve años. Un niño que, como tantos otros, quiere ver a sus ídolos deportivos.

Roberto Bolaño

Roberto Bolaño

Lo insólito es que ese niño 36 años después ganaría el Premio Herralde de Novela gracias a su obra Los Detectives Salvajes. La anécdota, como siempre, la cuenta mejor el mismísimo Roberto Bolaño al periodista Marcelo Soto de Revista Qué Pasa: “En 1962 vivía en Quilpué, a cincuenta metros de donde estaba alojada la selección brasileña de fútbol. Conocí a Pelé, a Garrincha, a Vavá (delantero brasileño). Recuerdo por ejemplo que Vavá me tiró un penal y se lo atajé. Y para mí es la mayor hazaña que he hecho: ¡le atajé un penal a Vavá!”

El fútbol nunca estuvo entre los temas predilectos de Bolaño, salvo en ese cuento notable llamado Buba, que está incluido en Putas Asesinas. Lo suyo, a diferencia de la selección brasileña que se tituló campeón en Santiago, fue una relación enigmática: “A mí siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol, salvo si uno se llama Pelé o Didí o Garrincha, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia. Aclaras, ante tus compañeros y ante el público, que tu juego es otro”.

 

 

 

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