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Duermevela, un mundo entre la amistad y el sueño

Publicado el: 20 febrero, 2018 por: vivaleer en: Reseñas.

Muchas veces  cuando nos enfrentamos a relatos de carácter onírico, nos confundimos entre realidad y sueño. ¿En qué minuto termina el mundo realista y nos insertamos en lo maravilloso? La frontera es muy delgada, y los personajes y el lector no siempre –tal vez casi nunca- logran percatarse del cambio de espacio. Duermevela es un ejemplo de esta situación.

Duermevela (Ekaré, 2017) escrito por Juan Muñoz-Tébar e ilustrado por Ramón París es la historia de Elisa una pequeña niña que no puede dormir y que decide salir a pasear por Duermevela, un extraño pero placentero lugar nocturno. Un frondoso bosque, una oscura noche y una serie de animales de los más salvajes esperan a Elisa, pero al contrario de lo que se podría pensar, ella no tiene miedo. Es parte de Duermevela, y el lugar también le pertenece. Como el mismo narrador señala “Elisa no siente miedo (…). Tan pronto llega, se pone a buscar lo que esconde la oscuridad”. En medio de la espesura se encuentra con Estebaldo, su amigo, un oso hormiguero.

Duermevela, interior Fuente: http://ekare.es/

Duermevela, interior
Fuente: http://ekare.es/

Juntos deambulan por el bosque oscuro. Siempre es de noche en Duermevela. Lo sabemos porque en un recurso gráfico todos los espacios en blanco son negros. El papel ha sido entintado completamente. Sin embargo, no hay nada lúgubre, todo es amistoso en la inmensidad de los árboles y la vegetación. Ambos amigos, comienzan a dar un paseo por lugares ya conocidos. Observan los agujeros en los árboles, indagan en las cuevas de los armadillos,  escuchan los sonidos de la tierra, investigan el lago en su superficie y en su profundidad. No importa si se topa con una familia de jaguares o de cocodrilos. Duermevela es el mundo de Elisa.

Duermevela, interior Fuente: http://www.ramon.paris

Duermevela, interior
Fuente: http://www.ramon.paris

Ya cansados, el oso y la niña, observan las estrellas, recostados en la hierba, el sueño comienza a aparecer. No solo para Elisa y Estebaldo, todo el bosque está somnoliento, ha llegado la hora de despedirse. Elisa ha vuelto a su cama y duerme plácida. Y aún a esta altura no resuelvo la encrucijada, si Elisa ha soñado todo, o se lo ha imaginado o sí efectivamente ha salido de su casa a recorrer un bosque a mitad de la noche. Pero hay algunos rastros en la ilustración bastante interesantes. En la portada se observa a Elisa con una lámpara mirando por la ventana hacia afuera. ¿Será el jardín de su casa? ¿Estará en medio de un bosque o una zona rural? Y hay un pequeño animalito, aparentemente un perrito, peludo y de cara alargada. Sea lo que sea, si un simple jardín de casa o bosque, es frondoso y la vegetación es similar a la que  va apareciendo en el relato. Y hay otras claves, el cobertor de cama de Elisa es un completo bosque. La linterna para iluminar su viaje es sencillamente su lámpara de mesa.

De todos modos, no se resuelve el dilema entre realidad y fantasía, pero eso es lo genial. No solo quedarse con la duda, sino también saber que hay múltiples formas de irse a dormir.

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