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Querido Sendak… ¡nos alegramos mucho que nacieras!

Publicado el: 11 junio, 2018 por: vivaleer en: Reportajes.

Hace 90 años, un 10 de junio de 1928, nace en  Brooklyn (NYC), Maurice Sendak. Ese día, para quienes amamos la literatura infantil, comienza a forjarse una nueva mirada del libro y de la infancia, materializándose en sus obras, y en las de muchos otros autores, construyendo un canon artístico y sentando referentes narrativos y estéticos, pudiendo considerarse uno de los padres del libro álbum.

Por Isabel Casar.

Donde viven los monstruos

Cuando hablamos de Sendak, es imposible no referirse a Donde viven los monstruos.  No solo porque se transformó en el libro de cabecera de millones de niños en el mundo, sino también, en el de los estudiosos del  álbum, quienes lo consideran como “El álbum perfecto”, rompiendo las estructuras espaciales y temporales (clásicas y lineales) para expandirlas en una narrativa magistral.

¿Pero qué tienen los libros de Sendak que hacen vibrar a niños y adultos por igual y que no pierde vigencia con el pasar de los años? Verdad. Y la capacidad de contarla desde el intersticio de la fantasía, lo onírico o el juego.

El mismo Sendak, en el documental Díles lo que quieras: un retrato de Maurice Sendak (Jonze, Spike y Lance Bangs, 2009), se refería al éxito de sus obras:

“Creo que lo que he ofrecido ha sido distinto, pero no porque dibujara mejor que nadie ni porque escribiera mejor que nadie, sino porque fui más honesto que nadie. Al hablar de niños y de las vidas de los niños y de las fantasías de los niños y del lenguaje de los niños dije todo lo que quise decir. Porque no creo en los niños; no creo en la niñez. No creo en la línea de demarcación esa de ‘eso no se les puede decir, eso otro tampoco se les puede decir.’ Se les puede decir lo que se quiera. La única condición es que sea verdad. Si es verdad, díselo”.

La cocina de noche

Esa honestidad se traduce también en su particular forma de decir las cosas; tensionando y “amansando” a sus lectores mediante una narración operática, cuyos textos e ilustraciones se enlazan con un ritmo y espacialidad que nos recuerda obras cinéticas, heredadas de su afición por la música (ópera) y la fantasía (conocidas son su fascinación por Mozart y Mickey Mouse, con quien comparte el día de nacimiento), así como plasmar sus propios miedos y desencuentros culturales al ser hijo de emigrantes polacos y crecer en Estados Unidos.  Esto se refleja mayormente en su trilogía onírica, encabezada por Donde viven los monstruos (1963), La cocina de noche (1970) y, en mayor medida en Al otro lado (1981) la obra que mayor orgullo le producía a Sendak.

Esta trilogía cristaliza uno de los sellos del ilustrador neoyorkino: el ahondar en la psicología e imaginario infantil, calando en los más profundos miedos, dudas y desencuentros de los niños, regados por una fantasía lúdica -y algo egocéntrica -necesaria para forjar seres humanos, que todos tuvimos alguna vez.

Al otro lado -traducida recientemente por Kalandraka al español junto a otras obras del autor- se basa en un hecho real que perturbó a Maurice Sendak desde su infancia, alrededor de los cinco años: el bullado secuestro y asesinato del hijo de Lindberg, de tan solo veinte meses. Por primera vez, el pequeño Maurice se cuestionaba sobre la permanencia y muerte de un niño: ¿Estarán mis padres siempre conmigo, o se irán algún día para no volver? ¿Puedo morirme? Casi cincuenta años más tarde, cierra ese círculo con un relato atmosférico, que nos habla de ese sofocamiento y angustia propia de los miedos indómitos, aclarado por este ritmo y escenografía “operática”, donde, finalmente, la fantasía y la valentía de la protagonista salen victoriosos. Si bien es el menos sencillo de los tres libros, en cuanto a su lenguaje (visualmente más barroco), es una obra maravillosa a todas luces.

Al otro lado

Sin embargo, el decir la verdad siempre conlleva un riesgo, dudas personales y cuestionamientos.  Romper esquemas le significó que censuraran sus libros: Al otro lado fue tildado por los adultos de la época como perturbador y oscuro para un público infantil; La cocina de noche osó dibujar a un niño desnudo a comienzo de los 70´s erizando a la sociedad conservadora que ya consideraba, incluso, poco adecuado para niños, el adorable Donde Viven los Monstruos.

Esta verdad con que Sendak nos habla del mundo, mostrando un gran conocimiento de la psicología infantil y la relación de los niños con el universo, se pueden ver también en otros de sus libros, como  El sombrero de Rossie o La ventana de Kenny, donde nuevamente utilizando un lenguaje sencillo, recrea situaciones tan fantasiosas como cotidianas, que nos es imposible no sentir algún grado de empatía o al menos una especie de déjá vu.

Este no menosprecio hacia la mente y capacidades reflexivas de los niños se ve también en sus trabajos de co-autoría con Ruth Krauss. Destaco particularmente Un hoyo es para escarbar (Kalandraka, 2016), un libro donde proponen nuevas definiciones de las cosas, desde esta mirada y mayor sincronía con lo infantil. Ese libro se puede considerar como un precedente al actual y tan valorado Wonder Ponder de Ellen Duttie y Daniela Martagón. En ambas se suscita el pensamiento crítico a partir buenas definiciones o preguntas mediadas por las ilustraciones que gatillan nuevas preguntas.

Un hoyo es para escarbar

Pero uno- o al menos yo- no se imagina a un Sendak con un bloqueo mental que no le permite avanzar en sus obras… pero los tuvo. Es ahí, donde entra otro factor importante en la creación de estos libros que a cualquiera le gustaría haber hecho: el apoyo de su editora en Harper&Row y gran amiga, Ursula Nordstrom. Al igual que Sendak, se posicionó desde la innovación. Fue la primera en publicar una novela romántica homosexual, en tocar el tema de la menstruación en libros juveniles y la que luchó por que se editaran libros buenos para niños reales, lejos de moralismos y complacencias al mundo adulto.

En el libro Dear Genius, se rescata su correspondencia con varios autores, entre las que destaca su relación de apoyo y sincera amistad con Maurice Sendak.  Una muestra de ello, es la carta que le envía para sacar a Sendak de un abatimiento mental mientras  ilustraba una versión de cuentos de Tolstoi para niños en 1961:

21 de agosto de 1961

«Sí, Tolstói es maravilloso, pero tú eres capaz de expresar tanta emoción y tanta cohesión e intención en algunas de tus ilustraciones como las que hay en ‘La guerra y la paz’. No estoy bromeando. Tú escribes desde adentro hacia afuera, es por lo que te digo poeta.

[…] Escribiste: ‘mi mundo carece de mobiliario. Es todo sentimiento’. Pues bien, la emotividad, combinada con la disciplina del artista, es la cosa menos frecuente que existe. Tú amas y admiras el trabajo de algunos escritores y artistas contemporáneos, pero de verdad, ¿no crees que muy pocos de ellos tienen una enérgica vitalidad emocional? Lo que tú tienes es EXCEPCIONAL».

“…Puede que no seas Tolstoi, pero Tolstoi tampoco es Sendak”

Y ya que hablamos de cumpleaños y de verdades, creo que la alegría que manifiesta Ursula en esta carta que le envió a Sendak para felicitarlo por su cumpleaños n° 27, nos representa a todos:

10 de junio de 1955

Querido Maurice, digo Marlon: […] Espero que pases un buen cumpleaños. […] como te he dicho otros años, me alegro mucho de que nacieras.

¡Feliz cumpleaños Maurice Sendak! Y tal como dice Carolina Ojeda, gracias por llenarnos de libros “que nos erizan la piel, los ojos y el Alma, cada vez que los abrimos y los cerramos”.

 

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